Todo comienza hoy

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Primero es América. Y así, de nuevo, asume el poder del imperio militar un hombre blanco que impone a Estados Unidos a los demás países del continente como si él fuera toda América y avisa al resto del mundo que viene para enfrentarlo con la bendición de Dios y el Pentágono.

Todo comienza hoy dice Trump en su discurso de toma de posesión, y desde ahora el poder deja de estar en Washington y se ejercerá desde el pueblo con patriotismo.

Aquí tenemos, entonces, al nuevo mesías con todo el poder del Estado y de las corporaciones privadas multinacionales, rodeado en su gabinete por magnates millonarios que saben hacer negocios con los bienes naturales y la fuerza militar.

Donald Trump ha empezado su período con la extradición del mexicano chapo Guzmán, amigo y socio de varios hondureños que ya están en Nueva York y en La Florida esperando la sentencia.

Para México la duda es si la entrega del chapo retrasará el cobro del gran muro que sigue construyéndose en silencio a lo largo de la frontera, para detener a millones de inmigrantes indocumentados.

Para Honduras, la duda es si Trump avalará el continuismo de los ilegales en el poder o, si por el contrario, apurará su extradición?

No es tiempo todavía para despejar estas dudas, pero seguramente después de las elecciones primarias de marzo próximo el panorama político nacional deje en claro la tendencia de los objetivos de Washington en Centroamérica.

Para el Cofadeh, que ha resistido los gobiernos militares, liberales y nacionalistas pro estadounidenses por casi 4 décadas, este es sin duda un tiempo de mayores reflexiones.

El mundo reinicia viejas tendencias sexofóbicas, odios irracionales a la disidencia social de las mujeres y de los jóvenes, agresión directa contra los pueblos originarios que defienden sus territorios y la reducción de los derechos humanos de los pueblos forzados a emigrar para ponerse a salvo.

Estas tendencias, sin duda, van a provocar reacciones en diferentes partes del mundo, como ya empezaron dentro de los propios Estados Unidos, bajo la consigna “hay un Trump cerca de tí”.

“Hemos defendido diferentes fronteras en el mundo sin proteger la nuestra” dice el nuevo Presidente de Estados Unidos, para insinuar enseguida que no pasarán latinos, hispanos, negros, musulmanes, hondureños, que se vean forzados a escapar de sus países, sometidos al empobrecimiento neoliberal salvaje, corrupto y violento.

En Honduras estas tendencias tienen acogida en las iglesias fundamentalistas, especialmente las que dirigen los pastores que todo mundo ya conocemos y que junto a un envejecido clero católico, derraman aceite y agua bendita sobre los corruptos y criminales que destruyen el país, y atacan a los opositores.

Los crímenes contra la comunidad de la diversidad sexual, los liderazgos de los pueblos indígenas y negros, y los feminicidios, son expresión de esos odios basados en la imposición de una religión oficial dentro del Estado y basados en la violencia de género que caracteriza al modelo patriarcal capitalista.

El país no puede seguir en esta sangría interminable que caracteriza la dictadura, que asumió el control del Estado después del golpe militar de 2009.

Hace 8 años Lobo se presentó como el hombre del puño fuerte contra la inseguridad, y Pepe ni siquiera pudo dirigir la Casa Presidencial puesto que lo hizo Hernández desde el Congreso Nacional.

Hace 3 años, Hernández se presentó como Trump – dejando la impresión que todo comenzaba a partir de él, anunciando una nueva era en la que haría todo lo que tuviera que hacer para devolverle la seguridad al país –, pero todo fue nada.

La ONU, la OEA y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos tuvieron que hacerse cargo del país, que hoy es formalmente intervenido.

El país fue echado a perder, está en los brazos de los violentos y de los corruptos, de quienes usan los fondos públicos para conseguir sus propósitos, que usan el poder para enriquecer a una casta que a veces parece más una banda de cuatreros y foragidos que atizan la guerra contra el pueblo.

En los últimos años el Cofadeh ha tenido que utilizar prácticamente el 100 por ciento de todos sus recursos humanos, técnicos y de cooperación solidaria para atender esta emergencia nacional que es el país.

No hemos podido planificar siquiera nuestro propio fortalecimiento organizacional ni ocuparnos como deseáramos del litigio contra la impunidad histórica, porque todos los días el país demanda atención por la negación de justicia, la violación de derechos en todas las categorías, la persecución de las personas defensoras y, aunque parezca simple siendo esencial, escuchar a las dolorosas víctimas de la violencia.

No puede seguir así el país, generando una débil imagen futura que ha forzado a la generación joven a huir del país por incertidumbre.

Tenemos que ser fuertes para rescatar el país, del modo que sea, de estos oferentes de mentiras, constructores de falsas utopías, mesías guerreros y cristianos, delincuentes armados que asaltan nuestra casa.
Que así sea!