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Sábado, septiembre 23, 2017
Secuestrados y secuestradores: ¡NI OLVIDO NI PERDÓN!

Secuestrados y secuestradores: ¡NI OLVIDO NI PERDÓN!

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Por: Félix Cesario*

Como un homenaje, puño en alto, para Eduardo Lanza y Félix Martínez Medina.

Un día como hoy, de aquel año 1982, en que parece que fue ayer por el impacto brutal como comenzó a escribirse la ANTOLOGIA DEL TERROR, en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), diseñada y por la Doctrina de la Seguridad Nacional (DSN), impuesta desde las barras y las estrellas asesinas y comandadas por el Pentágono y ejecutadas en el alma mater por el “mazacuate” de Oswaldo Ramos Soto; para ese entonces impuesto como rector (cualquier semejanza con la actual rectoría es secuencia del pavor gubernamental de aquel entonces) por el ya ajusticiado Gustavo Adolfo Martínez (de nada le sirvió acobijarse en el cristianismo) y el crótalo senil, el “Licenciado Arrazola” anfibiamente conocido como Billy Joya del Terror. Decimos estos nombres para que las generaciones presentes y futuras, no lo olviden jamás, ¡Nunca Jamás!

Debemos recordar que, en un nutrido mitín, realizado en la plazoleta del Padre Trino, en Ciudad Universitaria, arengábamos y exigíamos elecciones honestas y democráticas. Recién se había conquistado una representación de las fuerzas de izquierda en la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras (FEUH) y logrado la instalación por un periodo más del Dr. Juan Almendares Bonilla en la rectoría, cosa que no se logró por una intromisión de la corte Suprema de Justicia (CSJ) y de la Alianza para el Progreso de Honduras (APROH), que impuso en julio de 1982 a Ramos Soto al frente de la UNAH. Además, coreábamos la salida de los miembros del 3-16 empistolados y camuflados como estudiantes del histórico, terrible y temible Frente Unido Universitario Democrático (FUUD);  nos aproximamos frente a la rectoría, que funcionaba en el tercer piso del Edificio Administrativo, por lo que el rector, con sus cuerpos de estudiantes que en realidad eran sus guardaespaldas, huyó para la Facultad de Derecho; por lo que nuestra manifestación se enfrentó a la hordada de fascistas estudiantes  de derecha -recuerdo aquella tarde de 29 de julio de aquel año- que salió Ramos Soto y con la risa de frio asesino,  señalo entre toda la manifestación desde la escalinata del edificio a  Félix Martínez, Presidente de la Seccional 1 del Sindicato de Trabajadores de la UNAH (SITRAUNAH), a Eduardo Becerra Lanza (Secretario General de la FEUH) y a quien escribe estas líneas, esa era prácticamente una sentencia de muerte, que entre los tres, tuve suerte mortalmente hablando.

Para esos días de agosto el compañero Félix Martínez, tenía que asistir al Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), por una fractura en su pierna derecha, ocasionada en un accidente laboral, por lo que un busito de dicho hospital lo trasladaba hasta dicho hospital. Ese fatídico día,  los secuestradores fueron tan cínicos y criminales que se disfrazaron de empleados de dicha institución sanitaria y hasta le ayudaron a subir al autobús, se lo llevaron para el terrorífico mundo de los Desaparecidos. La última vez que tuvimos razón es que tanto a Félix como a Eduardo, los trasladaron al una de las cárceles clandestinas donde hoy funciona la sede del Escuadrón COBRAS, en la colonia 21 de octubre y en la salida a Olancho. En ese lugar se decidió la suerte del gigantón y del flaco. Con la orden que si todos los comunistas eran como este revoluco que los mataran…. “El mejor comunista es el que está muerto” en el caso de Félix Martinez, según un testimonio de un CONTRA nicaragüense de seudónimo “Miguel”, la orden que le dieron fue “que hánganle lo que quieran a su cuerpo, pero no le toquen la cara para que puedan reconocerlo. Esta fue la orden que dio Álvarez Martínez y se los llevaron hacia la muerte, menos al olvido.

En cuanto a Eduardo Lanza, no estamos en calidad de juzgarlo –NO DEBEMOS HACERLO HOY QUE NOS LO ARREBATARON- pero si consideramos que descuidó su seguridad personal. Como todo joven, fue a departir con unos compañeros, luego de un bautizo que participó en la tarde de ese domingo 01 de agosto, en el bar “Los Solteros”, a la par de donde funcionó la farmacia “Regis” cuando repentinamente llegaron los acostumbrados fantasmagóricos cateos y en la redada se llevaron a Eduardo. Supimos que lo condujeron al cuerpo de bomberos, que está por la parte sur del Estadio Nacional. Este lugar y estos bomberos están bañados de sangre de los asesinados, en las calles, ellos lavaban la sangre de los asesinados. De esta estación de bomberos se llevaron a Eduardo hacia la muerte, menos al  olvido.

Un día como hoy hace ya 35 años, aunque parece que fue ayer para los que los amamos, que los sicarios de Ramos Soto y de Álvarez Martínez, se llevaron a la muerte a estos dos hermanos pretendiendo sepúltarlos en el olvido. ¡Se equivocaron culebras, escorpiones y tarántulas del veneno y de las telarañas de la antología del terror! nuevas juventudes dicen y gritan sus nombres. Hermanos, ya han regresado a la casa de la dignidad. Las juventudes ven en su ejemplarizante martirologio, el acto más hermoso de rebeldía. Pudieron matar sus cuerpos, pudieron descuartizar sus cuerpos, pero no pudieron matar sus sueños. No nos robaron su alegría y su actitud revolucionaria, hoy viene como tromba cantando puño en alto en las manifestaciones populares. Véanlo bien, escúchenlo bien, cantando libertades entre la juventudes populares.

¡Aun vienen cantando entre nosotros en las manifestaciones populares!

Un poema, escrito bajo las noches de espanto, bajo la claridad teñida de verde olivo, me hizo recordarles así: “Han de aparecer los desaparecidos en el instante exacto de la historia, con todo el terror de la ternura”.

*Poeta y Periodista. Ex Catedrático de la Escuela de Periodismo UNAH.

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