Ponencia de Berta Oliva a la Red Latinoamericana de trabajadoras de la Educación

La violencia económica, política, sexual, física y psicológica de hombres contra mujeres dentro de la casa y en los espacios públicos– contra niñas, adolescentes y adultas –aumenta en la misma medida que el Estado levanta su discurso de represión contra la resistencia social, la delincuencia, el desorden, el narcotráfico y el crimen organizado.

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Ponencia de la coordinadora general del Cofadeh, Berta Oliva, sobre violencia de género y derechos humanos en el marco del encuentro subregional de la Red de Trabajadoras de la Educación de Centro América, Brasil, México y República Dominicana, realizado en Tela, Atlántida, el 29 de mayo.

ENCUENTRO
VIOLENCIA DE GÉNERO Y DERECHOS HUMANOS
Red de Trabajadoras de la Educación para América Latina
Tela, Atlántida.

Saludos
Tengo algunas ideas generales para provocar otras más específicas con ustedes.

Cualquier diferenciación basada en características físicas, el color de la piel o el sexo, si deriva en un sistema de opresión o dominación, necesariamente produce violaciones a derechos humanos. Y podemos preguntar a las mujeres indígenas lencas o a las garífunas, o a las mujeres en general cómo es vivir en Honduras. Y podemos delimitar el tiempo de 2009 hasta la fecha. Y tendremos respuestas.

El género es La construcción social y política que le da vida a la masculinidad y a la feminidad con la imposición de unos roles específicos sobre cuerpos sexuados.

El hombre trabaja y la mujer cuida los niños. La mujer es débil y el hombre es fuerte. El hombre piensa y la mujer llora. El hombre es el jefe, la mujer obedece.

La sexualidad entre hombres y mujeres es la norma para la reproducción. Las demás opciones e identidades son enfermedades que no admite la ley.

Luego, esta construcción de roles para cada uno se convierte en un mandato que distingue el trabajo del hombre y oculta el de la mujer. El hombre es valiente porque sostiene la familia con su trabajo duro, y por eso gana más.

La voz del pensante es la que hace la política, el poder y la guerra; mientras la voz prudente de la mujer reza, espera y conforta en las iglesias.

La violencia económica, política, sexual, física y psicológica de hombres contra mujeres dentro de la casa y en los espacios públicos– contra niñas, adolescentes y adultas –aumenta en la misma medida que el Estado levanta su discurso de represión contra la resistencia social, la delincuencia, el desorden, el narcotráfico y el crimen organizado.

A las vícitimas se les impone la cultura del silencio bajo el mandato que los trapos sucios se lavan en casa y que en asuntos de familia nadie debe meterse porque son asuntos privados.
Voy a detenerme aquí y retomar cada una de las ideas anteriores.

Cualquier diferenciación basada en características físicas, el color de la piel o el sexo, si deriva en un sistema de opresión o dominación, necesariamente produce violaciones a derechos humanos.

Ser hombre y ser mujer en Honduras es una medida que supone de inmediato la desigualdad y la dominación, que pone a unas en desventajas en relación a otros en el ejercicio del poder, en la propiedad de los bienes, los ingresos, el empleo, en la vida cotidiana.

Un sistema patriarcal así viola los derechos humanos con la complicidad de las iglesias, la escuela, la policía militar, los medios de comunicación, los jueces y los demás actores de la super estructura ideológica. Violaciones sistémicas. Violaciones sistemáticas.

Por ejemplo, en el departamento de La Paz donde estamos trabajando en alianza con organizaciones campesinas e indígenas, vemos el trato desigual absolutamente hacia las mujeres indígenas que participan en la defensa de su derecho a la tierra. El nivel de violencia policial y judicial hacia ellas tiene el evidente sello de la violencia de género.

En general el nivel de femicidios en Honduras – aproximadamente 4,500 mujeres asesinadas en los últimos 10 años – está rematado por la impunidad. El 90% de esos casos no fue investigado ni sancionado.

El mensaje, entonces, es que que no sirve denunciar, que la mujer no tiene seguridad, que va a seguir el círculo de violencia y que nada va a pasar a los violentos.

El Estado creó una Fiscalía Especial de la Mujer sin presupuesto; creó una Unidad Especial de Investigación de Muertes de Mujeres, sin investigadores; creó un ministerio de la Mujer y luego lo suprimió; aprobó una Política Pública de la mujer, y luego la abandonó. El Estado dijo que la mujer no puede estar aparte como sector porque integra la familia, entonces fusionó todo en el Instituto de la Niñez y la Familia. Y abandonó a todos, excepto los presupuestos de seguridad y defensa, que se comen el presupuesto nacional.

En el contexto de la desigual violencia que sufrimos las mujeres los espacios de denuncia se achicaron enormemente, la policía es antimujer, las iglesias son anti mujer, los diputados son antimujer, los jueces igualmente y la prensa suele decir que pagamos mal a los hombres, que en algo andábamos y porqué vestían así.

Lo difícil que es para una mujer no irse de casa sin tener los recursos para salir de ese círculo, no existen casas de refugio finaciadas por el estado con personal capacitado para acoger, acompañar y orientar a las mujeres vícitimas de violencia en la calle, en el trabajo, en la casa, en el partido, en las iglesias. No hay.

El género como la construcción social y política que le da vida a la masculinidad y a la feminidad con la imposición de unos roles específicos sobre cuerpos sexuados.

Los estudios sobre la materia permiten afirmar que toda agresión perpetrada contra una mujer tiene alguna característica que permite identificarla como violencia de género. Esto significa que está directamente vinculada a la desigual distribución del poder y a las relaciones asimétricas que se establecen entre varones y mujeres en nuestra sociedad, que perpetúan la desvalo-rización de lo femenino y su subordinación a lo masculino. Lo que diferencia a este tipo de violencia de otras formas de agresión y coerción es que el factor de riesgo o de vulnerabilidad es el solo hecho de ser mujer. La violencia de género puede adoptar diversas formas, lo que permite clasificar el delito, de acuerdo con la relación en que ésta se enmarca y el ejercicio de poder que supone, en las siguientes categorías: violación sexual e incesto, asedio sexual en el trabajo y en las instituciones de educación, violencia sexual contra mujeres detenidas o presas, actos de violencia contra las mujeres desarraigadas, tráfico de mujeres y violencia doméstica. En el presente documento se estudia en detalle esta última forma, sin dejar de mencionar y describir las otras, puesto que en los últimos años ha dado origen a nuevas e importantes instituciones y enmiendas de las legislaciones, y en torno a ella se han articulado acciones colectivas de las mujeres. La afirmación que el hombre trabaja y la mujer cuida los niños sigue vigente hasta nuestros días, aunque el neoliberalismo salvaje haya quebrado absolutamente la imagen del hombre proveedor que puede con todo y que obligó a las mujeres a trabajar dentro y fuera de casa para intentar comer, al menos.

La mujer es débil y el hombre es fuerte sigue siendo un mandato que orienta la violencia en la calle y en la casa, y que define lamentablemente las relaciones sociales entre pastores y fieles, jefes de partido y activistas, patronos y subordinadas, padres e hijos. El hombre piensa y la mujer llora. El hombre es el jefe, la mujer obedece.

Y si no es la mujer es la loca, el gay, la chica trans, la mujer lesbiana, el que cambia su genitalidad para adoptar una nueva identidad de género, y que son por razón de sexo vícitimas de la violencia patriarcal de género.

La sexualidad entre hombres y mujeres es la norma para la reproducción, para la distribución de bienes, la adopción y la vida sexual. Las demás opciones e identidades son enfermedades que no admite la ley.

En base a esa exclusión más de 120 crímenes de odio fueron cometidos en Honduras en los últimos 10 años.

Crimen de Odio es “Todo acto doloso, generalmente realizado con saña, que incluye, pero no se limita a violaciones del derecho a la vida o integridad personal; el cual tiene la intención de causar daños graves o muerte a la víctima, basando la agresión en el rechazo, intolerancia, desprecio,odio y/o discriminación hacia un grupo en situación de vulnerabilidad, en este caso siendo este grupo la población LGBT”.

La voz del pensante es la que hace la política, el poder y la guerra; mientras la voz prudente de la mujer reza, espera y conforta en las iglesias. Y según Evelio reyes, el pastor de la iglesia evangélica, Vida Abundante, la diversidad sexual no debe aspirar a cargos de elección popular porque es contra la voluntad de Dios. Y según el predicador Mario Fumero a las mujeres las atacan los hombres porque se visten en forma provocadora.

Todo un discurso imponiendo los roles y mandatos. Justificando la exclusión, la violación de derechos y hasta la muerte.

La violencia económica, política, sexual, física y psicológica de hombres contra mujeres dentro de la casa y en los espacios públicos– contra niñas, adolescentes y adultas –aumenta en la misma medida que el Estado levanta su discurso de represión contra la resistencia social, la delincuencia, el desorden, el narcotráfico y el crimen organizado.

Al año 2009 más de 10 mil niñas y adolescentes hondureñas eran vícitimas de explotación sexual en el trayecto de la emigración y el tráfico de personas hacia Estados Unidos, es decir El Salvador, Guatema y México.

Las denuncias de violencia dentro de las casas y en espacios públicos aumentaron en instancias como el Cofadeh después del golpe de Estado.

Pero a las víctimas se les impone la cultura del silencio bajo el mandato que los trapos sucios se lavan en casa y que en asuntos de familia nadie debe meterse porque son asuntos privados.

Honduras tiene una población de 8 millones 385 mil habitantes, de los cuales el 50.7% somos mujeres, es decir 4 millones 255 mil mujeres.

En las dos elecciones, llamadas así, después del golpe de Estado, las mujeres prácticamente estamos fuera de los gobiernos locales y del Congreso Nacional. De 298 municipios, sólo 24 alcaldesas fueron elegidas en 2013. En el Congreso Nacional se redujo la elección de diputadas.

Con el golpe de Estado hay un desplazamiento de las mujeres del poder dentro de los partidos políticos y de los poderes públicos, pero también de los patronatos, las directivas de organizaciones sociales.

Y en general vemos un retroceso evidente; por ejemplo el tema de la píldora del día después: el derecho de elegir para sí mismas, por su cuerpo y su imagen, el derecho a la salud, el Estado lo violó al prohibir su venta.

El Estado controla el cuerpo de la mujer. Nadie prohíbe viagra para los hombres. Es un tema de respeto que los hombres y las mujeres aprendan a tener relaciones de respeto. El derecho a la salud incluye educación integral sobre contracepción preventiva que prevenga relaciones sexuales abusivas, desiguales, no consentidas en el respeto. Pero las iglesias impidieron el uso de guías de formación sexual en las escuelas y colegios.

La nueva reforma contra el aborto, la ley de cuotas de poder político que pone a las mujeres en cargos no elegiles por cumplir el texto de la ley solamente, la reducción de los presupuestos de salud y la contratación de hombres en vez de mujeres, son violaciones a derechos humanos explicadas desde la perspectiva de la violencia de género.

La falta de investigación de crímenes por ser mujeres, femicidios, o la instalación de fiscalías especiales sin  presupuesto, la falta de formación de policías, fiscales y jueces en diferencias específicas de mujeres y hombres, es otra forma de violación.

La discriminación legal, social y económica de mujeres campesinas, indígenas, empobrecidas, excluidas de los programas de salud pública, de crédito, propiedad de la tierra, educación y participación son formas de violencia y de violaciones.

Las mujeres migrantes padecen las violencias sexuales, trata de personas, explotación sexual comercial, es una de las rutas de violación masiva de sus derechos humanos por no aplicar los mecanismos que garanticen los derechos de ellas, sin mecanismos de protección garantizados el estado viola sus derechos humanos.

Si la diferenciación entre hombres y mujeres nos lleva a desigualdad y a la dominación, que pone a unas en desventajas en relación a otros, entonces hablamos de un sistema patriarcal autoritario que viola los derechos humanos y que lo hará en el contexto actual de Honduras en forma sistémica y sistemática.

Menor acceso a salud para necesidades particulares
Menor acceso a justicia
Menor acceso o ninguno a representación política

¿Por qué en Honduras hay tanta violencia? Es porque los hombres aquí son peores que el resto del mundo?, es porque el sistema no investiga y produce impunidad?

Necesitamos discutir esto y animarnos a volver por el camino andado y redoblar nuestros esfuerzos. Se puede.

El COFADEH y el COLPORSUMAH hemos buscado una articulación que nos permita avanzar en procesos de formación y solidaridad en defensa de los derechos humanos, recientemente docentes de ese gremio magisterial formaron parte de un diplomado en derechos humanos junto a representantes de al menos 15 organizaciones y redes de defensores nivel nacional, convocado por nosotros.

Necesitamos fortalecer nuestro trabajo en red, con formación política y técnicas de análisis de temas prioritarios a nivel político, social, económico, de género entre educadores y educadoras.

Por eso estamos aquí. Y para esto estamos.

De los hechos y los hechores ¡!!Ni Olvido, Ni Perdón!!!
C  O  F A  D E H

Tela, Atlántida, 29 de mayo del 2017