Los recursos que se gastan en espionaje y armamentismo deben ser orientados a combatir el hambre y la pobreza

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Tegucigalpa

Las mujeres y varones que han salido nominados al premio Nobel de  la paz son los llamados para  lograr la declaratoria de una tregua, estableciendo una década de paz sin guerra en ninguna parte del mundo, declaró María Ester Ruiz Ortega mediante un mensaje que envió y fue leído en el foro “Sin mujeres no hay paz”, que se realizó en Tegucigalpa.

María Esther Ruiz, una feminista del municipio de Qumistán en el departamento de Santa Bárbara, tuvo que actuar como madre de sus hermanos y hermanas desde 1961, cuando tenía 11 años.

En el 2005 junto a Reina Isabel Cálix, Bertha Oliva de Nativí, Albertina García Argueta, Itsmania Pineda y Leticia de Oyuela, fue una de las seis hondureñas nominadas a las 1000 Mujeres de más de 150 países al Premio Nobel de la Paz.

En el encuentro “Sin mujeres no hay paz”, al conmemorarse 12 años de nominación de mil mujeres de paz en el mundo, María Esther no pudo estar presente, pero envió un mensaje en el que señala que “los liderazgos de mujeres y varones que hemos salido nominados durante la historia del premio, están llamados a hacer los esfuerzos necesarios para lograr la declaratoria de una tregua, estableciendo una década de paz sin guerra en ninguna parte del mundo”.

Asimismo expresó que “los recursos que se gastan en investigaciones, espionaje y armamentismo deben ser orientados a combatir el hambre y la pobreza, la degradación del medio ambiente con acciones efectivas, regenerar la madre tierra para mitigar los efectos negativos del cambio climático mediante mecanismos que permitan la participación protagónica de las comunidades donde se haga efectiva la transparencia, autonomía, ejercicio pleno de su soberanía y autodeterminación, la autoconstrucción del desarrollo sostenible”.

Esta campesina, que fue educada por una orden religiosa llamada Los Pasionistas, indicó que es el momento de la historia que nos toca vivir, ante la lógica del modelo neoliberal impuesto por el gran capital transnacional que se sostiene con la extracción y saqueo de los bienes naturales comunes de los pueblos.

“La entronización de un sistema de corrupción e impunidad que ha debilitado la institucionalidad y al estado nacional, olvidando de dar la atención requerida al bienestar de los pueblos”, sostuvo María Esther.

Es del criterio que defender, recuperar y cuidar los bienes naturales y la casa común, combatiendo la corrupción y la impunidad, desmilitarizando, civilizando, descolonizando el alma, la mente y actitudes frente a la vida de las poblaciones y otros sectores y actores fundamentales en el crecimiento de los países con conciencia de identidad nacional y pertenencia a una patria.

“Ante la vida o la muerta de la humanidad y la madre naturaleza, todos y todas a luchar por la defensa, recuperar, regenerar y salvar la vida con dignidad, justicia y paz”, finalizó diciendo en su mensaje María Esther, quien durante toda su vida ha transferido su conocimiento a otras mujeres en los grupos que ella creó.

Los sacerdotes, que pertenecían a la orden pasionista, quedaron impresionados con María Esther y le dieron una educación religiosa y social, incluso enviándola a cursos de capacitación en otros países.

A partir de ese momento, María Esther comenzó a escribir sus ideas, a organizar grupos de mujeres para la creación de una nueva conciencia para defender los derechos de las campesinas, para luchar contra el sexismo y la sumisión.

En 1998, junto con otras 200 mujeres, fundó la Asociación de Mujeres Nueva Esperanza, que facilita el acceso a la educación y las actividades económicas que permiten a las mujeres actuar de manera independiente y ser tratadas con dignidad.