Los Jóvenes, llamados a emprender la lucha de cambios en el país

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Cristian Castro, es un joven de 20 años que ha dejado a un lado el fútbol, los PlayStation y los juegos tradicionales para unirse a la lucha popular.

Cuando apenas tenías 12 años y venía finalizando sus estudios de primaria en una escuela de una de las colonias más conflictivas de San Pedros Sula, asistió a una de las capacitaciones que el Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (Cofadeh) ofreció en ese sector para empoderar a la juventud de sus derechos.

Desde entonces, Cristian se interesó en los temas que el Cofadeh abordaba con la juventud en cada encuentro que sostenía a través del Proyecto Regional de Prevención de la Violencia y Desarrollo Integral de Jóvenes, que comenzó a ejecutarse en febrero de 2007 y que duró dos años.

El proyecto se ejecutó simultáneamente en tres países de la región: Honduras, Guatemala y México, y fue apoyado por AWO Internacional.

En Honduras, el Proyecto se desarrolló en barrios y colonias marginales de las ciudades de San Pedro Sula, Siguatepeque y Tegucigalpa.

El Proyecto tenía como objetivo consolidar una cultura de paz, la democracia participativa y la vigencia de los derechos humanos de los y las jóvenes de las zonas beneficiadas por medio de la integración de los y las jóvenes en procesos de desarrollos locales, nacionales y regionales.

Durante los encuentros desarrollados en San Pedro Sula se logró la conformación de una Red de Asociaciones Juveniles en el Valle de Sula con unos 60  jóvenes procedentes de los municipios de Villanueva, San Pedro Sula, Choloma, del sector de Chamelecon y de El Progreso, pertenecientes a instituciones educativas, religiosas y a organizaciones juveniles del Valle de Sula.

De esta Red de Asociaciones Juveniles surgen Cristian Castro, quien cansado y agobiado por la violencia reinante en el Valle de Sula, la que ha arrastrado a muchos jóvenes a una corriente mortal que ha amenazado con destruirlos, decide abandonar su lugar de origen.

Llega a Tegucigalpa con un cumulo de esperanzas que le permitieran superar la difícil situación que vivía producto de la violencia.

Ya en Tegucigalpa, es acogido por el Cofadeh. Se volvió un joven activo en los diversos talleres de formación que el Cofadeh impartía a las juventudes de la Capital.

Ahí comenzó a demostrar un liderazgo, ya que era muy participativo y no solamente se quedaba con lo recibido en las jornadas de formación, buscaba por propia cuenta ilustrase para tener un mejor conocimiento de la realidad que vive el hondureño y principalmente los jóvenes.

En su afán de contribuir con un granito de arena, se involucra en los trabajos sociales y con el apoyo del Cofadeh se traslada a Intibucá, departamento del mismo nombre, para unirse a las actividades y labores del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH).

Hoy en día, Cristian Castro pertenece a la Coordinadora Indígena del Poder Popular de Honduras (CINPH), es el coordinador de la red de jóvenes del Cofadeh y es miembro de la recién creada Mesa de Indignados de Intibucá.

En la huelga de hambre que se realizó en Tegucigalpa por espacio de 40 días por un grupo de indignados, que exigen al Gobierno de Juan Orlando Hernández la instalación de una Comisión Internacional Contra la Impunidad en el país (CICI-H), este joven tomó una pequeña maleta y desde Intibucá se trasladó a Tegucigalpa para unirse a la jornada de ayuno, donde estuvo 19 días sin probar alimentos sólidos.

Este joven señala que una cosa que lo indignó en lo personal fue ver los actos de corrupción que hay en el país y que eso lo motivó a participar en la huelga de hambre, sabiendo el riesgo que correría su salud al someterse por varios días en ayuno y que eso no le importó porque lo haría por una causa común.

“Hemos jugado un papel fundamental en darle a conocer a la juventud que lo nuestro no solo es el fútbol, el PlayStation o el mundo de la imaginación, que los jóvenes estamos integrado a los problemas que suceden en el país, porque somos nosotros los que tenemos que darle vida a esta patria, tal como decía el general Francisco Morazán”, sostuvo Castro.

“Estar soportando esos día sin comer, viendo las tentaciones es algo difícil, pero había que hacerlo por el cambio de este país, porque se sabe que fueron más de 7 mil millones de lempiras que se robaron del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS)”, expresó este joven indignado.

Un informe que presentó el Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia (MADJ), señala que a raíz del descalabro financiero del IHSS fallecieron alrededor 2,880 personas.

Dice Cristian que aparte de la corrupción, el nivel de violencia que afecta el país viene a repercutir más en los jóvenes y niños, porque a diario se ve como se asesina a la juventud en Honduras.

“Nuestro país está descontrolado y tener un nivel de conciencia y venirse a unir a una huelga de hambre nace de una conciencia social y es un gran sacrificio que se hace porque uno pone en riesgo su vida e integridad física”, sostiene el chico de 20 años.

Indicó que se está luchando por un futuro, se está luchando por los demás, que el día de mañana sean la niñez la beneficiada y no los que están realizando esta lucha.

Este joven es del criterio que al gobierno de Juan Orlando Hernández le valía madre (no le importaba), que le daba igual si ellos permanecían 50, 60 o 100 días o si se morían de hambre.

Entonces, sostiene Cristian, vemos el grado de inhumanidad que ha caído el gobierno, donde pasan las cosas y es como que en el país no pasara nada, que todo está normal.

Señala que antes la gente se quedaba callada, hoy vemos el levantamiento de la población porque ya está “encachimbada” (enojada) y esto lo hemos podido ver con las diversas manifestaciones que se dan a nivel nacional y con las recientes tomas de carretera que se hicieron en algunos sectores del país.

Cristian confesó que durante estuvieron ahí, siempre tuvieron problemas con los agentes policiales asignados en la zona, ya que esto les tiraban bolsas de pan atrás de las carpas para que en la mañana que llegaran los medios de comunicación las miraran y dijeran que los huelguistas estaban comiendo.

“Con eso los policías estaban criminalizando la lucha, pero gracias a Dios tuvimos el apoyo de las organizaciones de Derechos Humanos que permanecieron en el lugar durante los 40 días que duró la huelga de hambre”.

Señaló que ahí crearon una familia, donde aprendieron a compartir y a convivir en hambruna, a aprender a respetar a los demás, a tener confianza y a conocer la experiencia de los demás.

“Después de esto vamos a seguir haciendo más luchas, porque cada uno se integra a la Mesa de Indignados de su lugar donde se trabajará en acciones de protesta más significativas para presionar al Gobierno para que cumpla la demanda que se le ha hecho durante las marchas de las antorchas: la solicitud de la CICI en el país”.

Sostiene que el pueblo está exigiendo su derecho, su voluntad y que desgraciadamente el Gobierno no lo quiere escuchar.

Indicó que ha sido una linda experiencia la que vivió durante los 19 días que estuvo en huelga de hambre y que extrañará la solidaridad que muchos hondureños les expresaron mientras  cruzaban por la zona donde se realizaba el ayuno.

“Eso me motivaba a seguir adelante, eso me ayudaba a mentalizarme que tenía que llegar hasta el final, porque estaba en una lucha por el bien común”.

Agrega que como jóvenes ellos tienen que agarrar la batuta, que tienen que emprender esos caminos para crear el futuro de Honduras porque si no son ellos quienes lo creen, no habrá quien lo haga, que son ellos que tienen que emprender esta lucha para que haya cambios en el país.

Es del criterio que el Gobierno está equivocado, que piensa que la juventud va ser la misma juventud de siempre, los procesos van cambiando, los jóvenes estamos despertando, porque es un despertar de conciencia y avanzado, donde se puede observar a los estudiantes luchando por sus derechos.

Sostiene finalmente que “quienes están jugando un protagonismo bastante grande en nuestro país es la juventud”.