LOS DILEMAS ELECTORALES DE HONDURAS

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En breve, podemos concluir que toda la pantomima de votaciones que llaman aquí “proceso electoral” está atrapada en 2017 entre la ilegal reelección presidencial y el narcotráfico como factor de decisión.

Ambas realidades no son pequeñas ni despreciables, porque pueden provocar tanta tristeza y luto como en efecto ya lo han causado en los últimos nueve años continuos.

Y la mera verdad es que son los dos extremos que definen el presente y futuro político – electoral de Honduras en 2017 y en los años venideros.

No basta que la justicia estadounidense convoque a sus tribunales a la cúpula del Partido Nacional y Liberal o que la MACCI de la OEA aparte de las nóminas al actual Presidente, por juicio o por renuncia.

El país llegó al punto de la intervención internacional inmediata porque las posibilidades de desestabilización e ingobernabilidad dejaron de ser tales, son una realidad.

Cuando la mayoría de la población no confía en la policía, en los tribunales de justicia, en la prensa ni en los partidos políticos y mucho menos en los poderes constituidos del estado, entonces es la ingobernabilidad.

El pueblo originario de Honduras, el bueno, el honesto y trabajador, no se merece las marcas mundiales del “país más corrupto”, “la nación más violenta” ni el nuevo“narco estado” de América que han puesto los deshonestos. Los perversos.

Esos calificativos grotescos calleron encima de este pueblo por la participación de las elites militares, empesariales, religiosas y de dos partidos políticos que se convirtieron todos juntos en una sola organización criminal.

Ahora resulta que ninguna nueva fuerza social ni cultural se puede abrir paso en forma democrática en este contexto, porque esa organización criminal tiene atrapado todo con dinero sucio manchado con sangre. Y matan. O mandan a matar.

Y decimos todo, la estructura mediática, los púlpitos, el presupuesto nacional, las instituciones públicas, todo.

Por esas tremendas razones es que no podemos aceptar que estamos participando de un proceso normal, y el pueblo lo sabe. Ahora más que en 2009 o en 2013, hay una sombra tenebrosa encima de las urnas. Y así no podemos seguir.

Los derechos políticos del pueblo hondureño no pueden estar garantizados por los mismos militares que le abren paso a la cocaína y al dinero de los narcos, ni pueden estar los derechos a elegir y ser electo supeditados a los carteles que tomaron control de las finanzas de los dos partidos viejos.

Tampoco el país puede seguir permitiendo que todos esos atropellos sean bendecidos por curas y pastores sinverguenzas, ni manipulada la conciencia colectiva por medios de comunicación convertidos en antenas de manipulación o, lo que es peor, en fábricas de silencios o de instigación del odio.

Por eso hoy como organización humanitaria hacemos tres avisos importantes. El primero, estamos pendientes de personas colaboradoras en todo el país para registrar y documentar cualquier evento imprevisto este domingo, porque ello marcaría la tendencia hacia noviembre próximo. El segundo, nos mantendremos en comunicación permanente con las instancias internacionales basadas en el país para coordinar acciones, y tercero: nuestro personal voluntario permanecerá en las oficinas centrales en Tegucigalpa atento a cualquier llamado.