La madre que no me parió

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Por Karla Ferguson
http://laprosademakaria.blogspot.com.es

Mi guía, mi luz, mi ángel, mi heroína invencible, la que no pude imitar, por estar muy por encima de mis posibilidades,
Jamás pude ni podré ser lo que ella quiso, ni siquiera lo que yo quiero ser, pero si de algo estoy segura es que su amor por mi es palpable y correspondido,
Mi ancianita de mirada tierna que celebra mis locuras como si fueran hazañas, la que piensa que soy la mejor en todo,
De pocas palabras mi viejita, sin post- grados universitarios, apenas sabe leer y sus ojos ya no son lo que fueron, pero ama leer las promesa y el consuelo de Dios en las escrituras sagradas,
Razones para amargarse las ha tenido a montones, pero nunca perdió su esperanza y su fe, aún cuando su alma estaba tan herida y confusa, su fe no flaqueó ni por un instante,
Nunca escuché su boca maldiciendo, ni a aquellos a los que sin duda lo merecían,
Los frutos de su vientre fueron tan distintos, pero la medida de su amor por cada uno sin duda siempre fue la misma;
Quisiera regresar a esos años cuando me tomaba en sus brazos y allí me sentía segura, ni huracanes, ni monstruos , ni demonios podían arrebatarme de ese tierno refugio, mi idea de su grandeza era tan infantil, no la recuerdo enferma, tampoco creí que eso le pudiera pasar a ella , era invencible, no podía enfermarse, ella, era quien cuidaba de todos los débiles que enfermábamos, ella era la proveedora, la protectora, la perfecta, la poderosa, ella era la mamá, la que se negó a vernos crecer, la que prolongó sus expectativas en sus nietos,
La que celebró nuestros cumpleaños, sin pastel ni piñata, la que se conformaba con un abrazo de cada uno de los que ama para cada navidad,
Ella, la madre que no me parió, que veía la ciencia como un misterio divino, que no hace falta estudiar, ni comprender, tan solo ser admirado,
Esa divina mujer a la que muchos llaman ignorante, es la madre que no me parió, que no tiene nada de qué avergonzarse, a quien en cierta medida todos defraudamos;
Nunca tuvimos esas conversaciones de telenovela romántica en la que la madre aconseja con palabras sabias, estudiadas y rebuscadas;
Sin  embargo, me basta un tan solo abrazo para sentir que me comprende, como si en ello estuviera implícito que no sabía que aconsejarme, pero que mi dolor era más suyo, que daría su vida por evitármelo;
No es que mi tristeza desapareciera con un abrazo suyo, pero cuando sus brazos me rodeaban y secaba mis lágrimas, mi carga se hace más ligera;
Nunca pude mentirle para que no sufriera diciéndole que estaba bien, porque me conocía tan bien que aún cuando no me viera, sabía que no todo estaba bien y aunque no lo dijera, ella también lloraba conmigo y por mí,
Aunque pusiéramos distancia a los cuerpos, nuestras almas caminan tomadas de la mano por la eternidad,
Que fuerte y valiente mi madre, rara vez la vi llorar, ni el día que nos despedimos, sabiendo que sería la última vez soltó una lágrima, segura estoy que lloró en silencio su corazón y a solas su alma al verme partir, pero no dejó que mi último recuerdo de ella fuera un cansada anciana llorona,
Quiso seguirme haciendo pensar que era invencible, y cada sonrisa suya me llenó de paz y de confianza,
Me hizo desear ser como ella, de corazón puro, de transparente y límpida mirada, sin más ambición que la ser feliz a través de nuestra felicidad,
No me atrevo a escribirle un poema, pues todo ante esa grandeza de espíritu se quedaría tan pequeña, no puedo contener ni en mil versos todo lo que su abrazo trasmite, ni atrapar en mis prosas la virtud de su mirada,
Su piel morena castigada por el sol nunca supo de cremas hidratantes ni anti arrugas, lleva sus arrugas como medallas, porque solo una campeona puede seguir en pie después de lo vivido, solo mi heroína es capaz de sonreír a pesar de haber llorado tanto y de tener tan pocos motivos para sonreír, su hermosa sonrisa sigue iluminando el espacio donde se encuentra;
Su hermosa cabellera negra y lacia, perdió el color y se tiñó del color del tiempo;
Lloramos porque los años nos avisan que llegó su tiempo para descansar, pero tiene su descanso y su paz bien ganados, no quisiera soltarle, no quiero dejarla ir, pero tampoco se merece vivir en este mundo gris, es mejor dejarla marchar, a los brazos del padre, para que por fin ella pueda ser mimada como una niña, sentarse en el regazo de su padre, verlo sonreír al pronunciar su nombre,
Dios le preparó una estrella para vivir, nunca tendrá frío, ni dolor, ni tristeza y desde allí nos cuidará y si hace falta nos dará un tirón de orejas,
Pero sé que nunca dejaré de sentir como me abraza y me consuela cuando lloro y esa sensación me hará sonreír, podré oler su perfume a jaboncito casero, en las flores de primavera, veré su sonrisa en los niños y siempre trataré de imitar el sazón de su cocina, porque aunque nunca fue poética, su ingrediente secreto siempre fue el amor,
Nunca fue de alta cocina, pero ni el chef más afamado del mundo podrá jamás imitar la perfección de sus sencillos platillos tradicionales,
Siempre buscaba entre los frijoles refritos la carne que le había dado tanto sabor a los frijolitos que cocinaba en el fogón de la humilde casita donde crecimos tantos hijos, tantos nietos y otro tanto de sobrinos, Pero nunca había carne entre los frijoles con tortilla y cuajada de la cena, era su magia incomparable de convertir algo tan sencillo en un plato gourmet,
Te diría mamita linda que no te vayas, que no nos dejes, que te quedes a vivir por siglos, pero todo lo bueno dura poco, solo sé que aunque te vayas te quedas conmigo, en mi pecho eres inmortal, cada vez que despierte pesaré en ti, le daré las gracias a Dios por el privilegio de tenerte como madre, mi ángel terrenal cuanto te amo, cuanto me duele despedirme, pero Dios te espera para abrazarte y consolarte, para mimarte para darte motivos para sonreír, para amarte,
Siempre serás el reflejo de Dios en la tierra,
Ella, mi mamacita, la madre que no me parió, pero que me amó más de lo que merecía.