Han pasado 35 años y este país va en retroceso

Seguimos igual o peor que en los ochenta, afirmó doña Lidu, en este país no hay esperanza de cambios.

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Tegucigalpa.

Por Sandra Rodríguez
Pasa el tiempo y es lamentable que nuestra exigencia continúe siendo la misma, Verdad y Justicia.

Sentada en una silla, con el pañuelo blanco cubriendo su cabeza, a su espalada una histórica manta con los rostros de los detenidos desaparecidos, la presidenta del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras, COFADEH, viajó más de 240 kilómetros para acompañar una de las históricas actividades en búsqueda de verdad.

Es la presidenta del COFADEH, Liduvina Hernández, conocida como doña Vina, quien no ha bajado su tono de voz, energético y firme para denunciar a los hechores de crimenes de lesa humanidad, que 35 años después la mantienen en espera de saber ¿Dónde está su hijo?

Enríque López Hernández, “Quique” fue secuestrado el 14 de enero de 1982 en la aduana terrestre El Guasaule, cuando ingresaba al país procedente de Panamá en tránsito por Nicaragua, en compañía de Julio César Méndez, María Ediltrudiz Montes y Francisco Samuel Pérez, según información del COFADEH.

“Al momento de su cacería por la seguridad de Honduras Quique tenía 23 años, una compañera y un hijo, Lenin Enrique López, además de una filiación militante en el Sindicato de Trabajadores de Envases Industriales Sociedad Anónima (STEISA). Tenía un lugar especial en nuestras vidas y ahora también lo tiene en la historia patria”.

Doña Liduvina Hernández, viajó acompañada de su nieto Lenin, hijo de Enrique, a quien el Estado le negó la oportunidad de crecer junto a su papá
Doña Liduvina Hernández, viajó acompañada de su nieto Lenin, hijo de Enrique, a quien el Estado le negó la oportunidad de crecer junto a su papá

En la búsqueda del joven, proveniente de San Pedro Sula, al norte del país, doña Vina se reunió con otras madres que también demandaban la verdad sobre el paradero de sus hijos e hijas.

Así cómo se manifestaban en la década de los ochenta, en las cercanías a la Casa Presidencial, Congreso Nacional y Corte Suprema de Justicia (CSJ), familiares y amigos siguen llegando a la plaza de Los Desaparecidos en el centro de Tegucigalpa.

Los edificios de la Casa Presidencial y la CSJ ahora son musueos, mientras que la Cámara Legislativa, compuesta por 28 diputados y diputadas, ni siquiera voltea la mirada para encontrarse con los rostros juveniles de líderes sociales que soñaron con un país diferente, y por eso los desprecieron con la implementación de la Doctrina de Seguridad Nacional, expuestos a unos 20 metros de ellos.

Seguimos igual o peor que en los ochenta, afirmó la histírica defensora de derechos humanos, en este país no hay esperanza de cambios.

Antes se sabía porque se atacaba a las personas, pero en la actualidad la situación es incierta, a consideró la histórica defensora de derechos humanos quien no sólo espera saber “Quique”, sino que le tocó cargar el dolor del asesinato de su otro hijo Marco Tulio en el año 1991, un joven que no tenía miedo a denunciar la injusticia social.

Doña Liduvina Hernández, viajó acompañada de su nieto Lenin, hijo de Enrique, a quien el Estado le negó la oportunidad de crecer junto a su papá.

Estos años los ha vivido con dolor, pero Dios le ha dado la voluntad y fuerza de seguir aquí y hasta que termine la vida seguirá luchando por el COFADEH, afirmó.

También compartió la satisfacción de que los hijos de ella y sus compañeras, no eran asesinos, como los que los secuestraron, los que torturan y matan a tantos jóvenes, lo que causa un dolor que en la actualidad ha vuelto a afectar a nuevas familias.

Doña Vina madre de Enrique López Hernández, detenido-desaparecido en enero de 1982, y de Marco Tulio y joven defensor de DDHH asesinado en 1991, manifestó que la diferencia es que de uno si sabe dónde está enterrado, y del otro no supo nada, pero cuando visita la tumba de Marco Tulio, lleva dos ramos de flores, y le dice a su hijo que las otras flores son de Quique.

En la semana internacional del Detenido Desaparecido, desde el COFADEH afirmamos que “de los hechos y los hechores, ni olvido ni perdón”.