
En el 2012, la situación de las defensoras y defensores de los derechos humanos en Latinoamérica sigue siendo muy preocupante. El uso de violencia contra DDH constituyó la tendencia más dramática. Periodistas, sindicalistas, ambientalistas y defensores del derecho a la tierra enfrentan serias amenazas y fueron blancos de ataques violentos en toda la región; entre los más vulnerables se hallan quienes defienden los derechos de los pueblos originarios, los derechos de la mujer y de las personas LGBTI. Aunque esta violencia se observa en el contexto de muchos países en los que ha habido un colapso general en materia de seguridad, DDH siguen siendo específicamente atacados desde una variedad de espacios: el gobierno, los militares, grupos criminales, grupos transnacionales de narcotráfico y matones a sueldo.