Los militares salieron a las calles este jueves como un ejercicio de fuerza ante las acciones que diversos sectores de la sociedad impulsan, en apoyo a una consulta popular con el fin de establecer una Asamblea Nacional Constituyente en Honduras.
La consulta popular programada para este 28 de junio y que ha sido promovida desde el gobierno del presidente Manuel Zelaya Rosales, ha desatado una avalancha de acciones en las últimas semanas, unas desde los grupos poderosos apoyados por el Ministerio Público, Corte Suprema de Justicia y Congreso Nacional para que se detenga la consulta y otras por sectores sociales que esperan cambios estructurales que hagan un equilibrio que restaure derechos ciudadanos lacerados por la impunidad y la violación a la Constitución y las leyes secundarias que favorecen a sectores privilegiados.
La unidad granítica de los sectores de poder nacional y la utilización de las instituciones del Estado para cerrar el paso a la consulta ha sido evidente., acompañado de una campaña mediática al servicio de la clase empresarial que ha manifestado temor frente a virtuales cambios en la vida política de la nación.
Pero un elemento que le ha puesto una nota de alerta para Honduras es la presión desde grupos de las Fuerzas Armadas que se habían mantenido agazapados, los cuales en las últimas semanas, han comparecido en medios televisivos, con una actitud agresiva como para generar el temor en la población y en el mando civil.

El momento ha sido propicio para los violadores de derechos humanos que participaron en desapariciones forzadas, crímenes políticos, torturas, entre otras, y que ahora resurgen como abanderados de la Constitución de la República.
La situación se ha vuelto más compleja desde que el miércoles anterior el presidente Zelaya Rosales destituyera al Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, Romeo Vásquez Velásquez por desobedecer una orden presidencial para que esta institución apoyara el traslado de las urnas para la consulta popular.
El jueves, los militares fueron sacados a las calles, el Congreso Nacional y la Corte Suprema de Justicia (CSJ) fueron militarizados y se respiraba un aire golpista en el país, lo que rememoró los golpes de Estado promovidos por los militares en décadas pasadas.
La CSJ restituyó unas horas después a Romero Vásquez Velásquez, aduciendo que el presidente violentó la Constitución al separarlo de su cargo.
Mientras tanto, el presidente Manuel Zelaya denunció que ya se le había dado un golpe técnico desde el Congreso Nacional y la Corte Suprema de Justicia para tumbarlo del poder.
El mando civil fue instaurado en las Fuerzas Armadas como producto de la presión nacional para que el militarismo fuera sepultado. Esta posición está claramente definida en los artículos 39 y 40 de la Ley Constitutiva de las Fuerzas Armadas.

Sergio Rivera, dirigente del Colegio de Profesores de Educación Media de Honduras (Copemh) expresó que el militarismo está resurgiendo en el país “es una tendencia de los grupos oligárquicos para sobreponerse ante el pueblo y utilizar a las Fuerzas Armadas como su equipo de garra, como su propia escuadra para reprimir al pueblo, no debemos olvidar lo que ocurrió anteriormente en el país con los militares y tomarlo como ejemplo para que no se repita”.
El Artículo 245 de la Constitución de la República señala que el Presidente de la República tiene la administración general del Estado y que entre sus atribuciones figura el ejercer el mando en Jefe de las Fuerzas Armadas en su carácter de Comandante General, y adoptar las medidas necesarias para la defensa de la República.
Mientras el artículo 272 expresa que las Fuerzas Armadas de Honduras, “son una Institución Nacional de carácter permanente, esencialmente profesional, apolítica, obediente y no deliberante”.
La presencia militar en los últimos años pasó de la fuerza de las armas para quitar presidentes, amedrentar y eliminar a líderes sociales a otras nuevas acciones como las de participar en apagar incendios forestales y “proteger el medio ambiente”.
El desgaste y descrédito de las FFAA como producto de su nefasto papel en detrimento de los derechos humanos de la población, llevó a que en el país se hicieran cambios producto de la presión social y se sustituyera el absolutismo militar que tenía el control total de la institución militar.

Los años 90 marcan el inicio de una era civil frente al militarismo que estaba presente en todas las instituciones estatales y ponía a temblar desde presidentes, cuando el alto mando militar hacía uso de las encerronas en los cuarteles militares y sacaba a los elementos militares con sus armas y tanquetas a las calles.
Pero esa actitud deliberante de las FFAA ha resurgido. Plantones de oficiales en retiro y de reservistas del ejército ponen la nota roja en Honduras y colocan nuevamente al aparato militar como una fuerza utilizada para reprimir al pueblo.
El fantasma de los golpes esta siendo conjurado por la extrema derecha y está utilizando a todas sus piezas que activan a diferentes niveles y estratos políticos, económicos y mediáticos.
La población está temerosa, en las últimas horas se han observado supermercados y gasolineras atestadas de consumidores, que previendo situaciones violentas generadas por la polarización de ideas en torno a la realización de la consulta popular de este domingo 28 de junio, han optado por abastecerse de alimentos y combustible.
La crisis política por la que atraviesa el país ha despertado el interés a nivel mundial, cuando las Naciones Unidas (UN) y el Consejo Permanente de de la Organización de Estados Americanos (OEA) han expresado su preocupación en torno a la amenaza a la institucionalidad que podría desembocar en un golpe de estado contra Manuel Zelaya, presidente constitucional de Honduras.
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